viernes, 18 de diciembre de 2009

Intramed escuchatorio








Un texto y un video para que usted distribuya entre todos sus colegas, amigos, pacientes. El autor de un libro imprescindible, "La necesidad del “otro” - Francisco "Paco" Maglio - nos acompaña a reflexionar sobre el tema. Entre tanta información impersonal y ajena IntraMed le ofrece una isla repleta de afecto y pasiones humanas que rescatan los motivos que justifican ser médico, incluso hoy, inclusa acá. ¡No se lo pierda!

Por Dr. Francisco Paco Maglio

Decía Lain Entralgo que la relación médico-paciente (RMP) es el encuentro entre dos menesterosos, dos necesitados, uno que quiere curar y otro que quiere que lo curen (1)

Enfocada esta relación solamente en la necesidad del “curar” obviando el “cuidar” (socráticamente la “tekné” y el “medeos” respectivamente), resulta alienante tanto para el médico como para el paciente.La RMP se “tecnologiza” y se “despersonaliza”, por eso es alienante, desparece el “otro” como persona.Para el paciente, el médico es un técnico con guardapolvo que extiende recetas y para el médico, el enfermo es un “libro de texto”, con signos y síntomas que hay que interpretar y codificar

En este tipo de RMP desaparece la “otredad” humanizada, son dos “yoidades" despersonalizadas, un (des)encuentro. Desaparece aquel concepto de enfermo de Miguel de Unamuno(2): “un ser humano de carne y hueso que sufre, piensa, ama y sueña". Esta despersonalización lleva al desgaste, al desánimo y a la desesperanza, tríada característica del burnout.

Esta “medicina basada en la evidencia”(3) en la que el paciente es un dato estadístico y el médico un administrador, más allá de su eventual valor técnico-científico, la debemos “des-alienar” con una “medicina basada en la narrativa” (MBN) que no se opone a la visión médico-técnica sino que la enriquece con la visión desde el paciente(4).

La MBN consiste básicamente en las subjetividades dolientes ( más que en las objetividades medibles), esto es, lo que el enfermo siente qué es su enfermedad, la representación de su padecimiento, la experiencia social de lo vivido human como enfermo.

A un adolescente con granos en la cara le decimos: “vos tenés acné” pero él siente vergüenza.

Cuando le decimos a un paciente, “vos tenés sida”, el siente discriminación.

Para la medicina basada en la narrativa, más que en el interrogatorio se necesita un “escuchatorio”, más que un “dígame” y un oir es un “cuénteme” y escuchar.

Un aforismo hipocrático ya lo manifestaba hace 2500 años: “Muchos pacientes se curan con la satisfacción que le produce un médico que los escucha” (5)

Con la MBN podemos desentrañar el verdadero proyecto de vida del paciente y esto es trascendental porque constituye el “motor” para vivir tanto en la salud como en la enfermedad.

En palabras de Nietzsche: “cuando se tiene un por qué vivir, se tolera cualquier cómo vivir” (5)

La narrativa en sí misma es terapéutica no sólo para el paciente sino también para el médico, porque al “re-personalizar” esa relación la “des-alieniza”, vuelven a ser dos personas, dos seres humanos en un encuentro de “inter-fecundadidad”.

Es la “yoidad” a través de la “otredad”. Como decía Levinas: “yo no soy el otro, pero necesito al otro para ser yo” (6)

Ya no serán “médico-robot” y “enfermo robot”, sino médico-persona y enfermo-persona. Renacerá el ánimo y la esperanza, desaparecerá el desgaste y en consecuencia también el burnout.Pacientes y médicos se sentirán útiles entre sí: RMP será una relación solidaria y “des-medicalizante”.Al sentirse kantianemente personas, tendrán dignidad y no precio, serán sujetos y no objetos, se convertirán en fines en sí mismos y no en medios.

“En los hospitales hay gente que se muere con hambre de piel”

Relataré algunas experiencias personales con la MBN:


“Me siento leproso”


Un paciente afectado de Estafilodermia Psoriasiforme (el enfermo tiene profusión de escamas en todo el cuerpo) era rechazado ( debido a su aspecto) por familiares y amigos. Al preguntarle cómo se siente, me dijo: “me siento leproso”. Esa era la experiencia social de su padecimiento, más allá de lo biológico.

Al conocer esa narrativa me expliqué por qué la cortisona (medicación electiva) que estaba tomando hacia un mes, no surtía efecto.Una persona desafectivizada, excluida es un inmuno deprimido (la psicoinmunología lo ha demostrado) y con la cortisona se estaba deprimiendo más.Hablé con la familia y los amigos y les expliqué que hasta que no volvieran a comportarse con él como antes, con afecto y respeto, sobreponiéndose a la impresión de su aspecto, no se iba a curar. Así lo entendieron y actuaron.

A los diez días se había curado, manteniendo la cortisona. A la eficacia biológica se había agregado la eficacia simbólica, que la psicoinmunología ha demostrado que actúa por los mismos intermediarios inmuno-cito-químicos; no es simplemente sugestión.


“Doctor, me toma el pulso”

En una oportunidad una viejita (el diminutivo es cariñoso) me pidió que le tomara el pulso. Miré el cardioscopio y sin acceder a su pedido, le dije: “tranquila abuela, tiene 80, está muy bien”. Pero me seguía pidiendo que le tomara el pulso y ante su insistencia le pregunto por qué, ya que la máquina era muy confiable y me contestó: “es que aquí nadie me toca”. La palpábamos pero no la tocábamos.

Razón tenía Benjamin cuando dijo: “en los hospitales hay gente que se muere con hambre de piel”. En nosotros está saciarla.

Los proyectos de vida son fundamentales, a tal punto, que podemos afirmar que más allá del comienzo biológico de la enfermedad (el día que aparecen los primeros síntomas), en sentido antropológico nos enfrentamos el día en que debido a esos síntomas, se ve interrumpido nuestro proyecto de vida. Por el contrario, empezamos a “sanarnos” el día en que a pesar de esos síntomas podamos reiniciar dicho proyecto.

“Doctor, ¿me puede abrazar?”

Relataré algunas experiencias que avalan estas posturas

“Eto non é vita”

Don Antonio (italiano, 75 años) era un hombre sano, pero a requerimiento de su familia le hago un “chequeo”. Dada su edad los valores de laboratorio estaban un poco por encima de los normales, nada significativo. Como médico recién recibido y con poca experiencia, le indiqué un estricto “régimen higiénico-dietético” dentro del cual estaba la prohibición absoluta del alcohol.

A la semana, la familia me llama porque Don Antonio estaba enfermo y al revisarlo, realmente no estaba bien: hipotenso, adinámico, asténico. Cuando le pregunto cómo se sentía, me dice en un enternecedor cocoliche: “eto non é vita”. Como no le encontraba explicación, le pregunto a la familia si en esa semana había pasado algo que lo pusiera mal. Me dicen que desde que le instalé ese régimen no salía, y a dónde salía? pregunté. Me explicaron que todos los días invariablemente iba al bar de la esquina a tomar un “vermutino” con unos amigos veteranos de la guerra en Abisinia.Entonces comprendí: ese “vermutino” con los amigos era su proyecto de vida y al desconocerlo, mi prescripción se había convertido en una “proscripción”. Fue suficiente que volviera a esas salidas para que desaparecieran los antes mencionados síntomas.


“Ese es mi proyecto de vida”

A veces los pryectos de vida no son tan obvios y se necesita profundizar en la narrativa. Una buena estrategia es pedirle al paciente que nos relate un día habitual de su vida cuando estaba sano.

Un pastor protestante estaba en una unidad coronaria por un infarto agudo de miocardio con un angor inestable, asociación de gravísimo pronóstico.

En el relato a que nos referimos manifiesta lo siguiente: “Me levanto muy temprano, rezo, estudio, ordeno el templo (hablaba muy nervioso y angustiado, lo que se reflejaba en el cardioscopio por su gran inestabilidad eléctrica), y por la tarde vienen unos feligreses con los que tenemos un grupo de reflexión (a esta altura del relato se va calmando, no estaba tan nervioso, lo que se refleja también en el trazado elctrocardiográfico), y si viera, doctor, qué bien nos hacemos, yo a ellos y ellos a mí, pero ahora vaya a saber dónde están y yo aquí rodeado de tubos y aparatos” (vuelve a ponerse nervioso y también su co-relato en el cardioscopio). Le pregunto si ese grupo de reflexión era muy importante para él y después de pensar un poco me dice: “ahora que no lo puedo hacer me doy cuenta que ese es mi proyecto de vida”

Se localizó a ese grupo y dos veces por día, media hora, concurrían a la unidad coronaria y restablecieron aquel contacto. A los 3 días seguía el infarto pero había desparecido el angor inestable: Se había reintegrado a su proyecto de vida.


“No me dejen morir”

Teresita era una joven que a la mañana siguiente de su fiesta de 15 años amanece con una cuadriplejía por una poliomielitis. Estuvo once años en un pulmotor moviendo nada más que la cabeza. Nunca en mi vida profesional conocí a alguien tan aferrado a la vida. Había aprendido a dibujar con la boca y hacía tarjetas de Navidad que las mandaba al Hospital de Niños: era su proyecto de vida.

Un día se complicó con un cuadro abdominal agudo por una apendicitis. En esa época no existían los respiradores modernos que permiten que el paciente esté afuera del aparato; en el pulmotor estaba adentro y para revisar al enfermo se le ponía una campana con aire a presión cubriendo la cabeza. Este procedimiento permitía abrir el pulmotor pero por un lapso de no más de 15 á 20 minutos.

En esta situación la revisamos comprobando el abdomen agudo y ante la imposibilidad de la cirugía ( dado el escasísimo tiempo disponible) cruzamos nuestras miradas como diciendo: “Dios se apiadó de ella”. Cuando sacamos la campana y volvimos a poner a Teresita dentro del pulmotor me dijo (como adivinando nuestro pensamiento): “Paco, háganme todo, hasta lo imposible, pero no me dejen morir, mirá que los chicos del Hospital de Niños esperan mis tarjetas”.

Ante ese pedido, un cirujano, uno de los más brillantes que he conocido, se animó y la operó fuera del pulmotor (dentro era imposible) con la mencionada campana. La operación duró exactamente 12 minutos y Teresita vivió 7 años más, mandando sus tarjetas al Hospital de Niños.


“Doctor, ¿me puede abrazar?”

Tenía que dar la tristísima noticia a una mamá que su hijito de 7 años con un sida terminal (post-transfusional, al comienzo de la epidemia), se iba a morir. Dije la consabida frase “ya no hay nada que hacer” a lo que la mamá me contestó: “sí hay por hacer”. “Qué puedo hacer?” le pregunté y con lágrimas en los ojos me dijo: “Doctor, ¿me puede abrazar?”

Nunca volví a decir “no hay nada que hacer”, sino “ya no hay nada que tratar, como médico ya no puedo hacer nada, pero como persona, ¿puedo hacer algo por usted?” Y siempre se puede hacer algo. Cuando ya no hay “tekné”, siempre hay “medeos”.

Estamos (mal) acostumbrados a decidir por el paciente pensando que nuestras decisiones son las mejores, pero éstas pertenecen siempre al enfermo y no a nosotros, por mejor intencionados que estemos.

Ante un paciente terminal frecuentemente (y muchas veces a pedido de la familia) aumentamos la dosis de sedantes para que no sufra, para que “no se de cuenta”. Pero, ¿siempre es así?. En muchas ocasiones debemos tener el coraje (porque no es fácil) de avisarle al enfermo de sus últimos momentos.

En la Edad Media la gente elegía a un amigo que tenía la obligación de anunciarle su final. Le llamaban el “nuncius mortis”.

¿Por qué debemos proceder así?Porque la inminencia de la muerte es el momento reflexivo más trascendente de la vida, el momento de las grandes decisiones y no me refiero solamente a las testamentarias sino, más importante aún, las afectivas. En mi experiencia de años en terapia intensiva fueron muchos los pacientes que me decían: “cuando llegue el momento, no quiero sufrir pero quiero estar lúcido”

Relataré algunas de ellas:


“Llamen a un juez”

Un paciente en esas condiciones pidió: “llamen a un juez”. Vivía en concubinato hacía 10 años. Llegó el juez, llamó a su concubina y… se casó!!!! Me dijo: “recién ahora me atrevo”.

Falleció al día siguiente.


“Doctor, llame a este teléfono”

En similares circunstancias, un paciente me dio un nº de teléfono y me pidió que llamara y a la persona que atendiera le dijera que él estaba internado y quería verlo.

Cumplí su deseo y al rato llegó un señor corriendo preguntando dónde estaba el paciente. Fue a su cama, quedó inmóvil unos segundos y se entrelazaron en un estremecedor abrazo y lloraron un largo rato.. Cuando se fue, el paciente me llamó y me dijo: “Doctor, gracias por la gauchada de llamar por teléfono. El que se fue es mi hermano. Hace 15 años lo eché de mi casa, lo eché mal, yo tenía la culpa. Nunca tuve el coraje de pedirle perdón, ahora que sé que voy a morir, recién ahora me atreví a pedirle perdón y me perdonó”

Tuvo un gesto que nunca voy a olvidar. Me tomó las manos y me dijo: “Gracias por dejarme morir en paz”

Volví a la mañana siguiente, se había muerto la noche anterior.

Le pregunto a la enfermera de ese turno (para no inducirle la respuesta): “vos estuviste cuando se murió ese enfermo, notaste algo diferente?”. Me respondió: “Mira, Paco , en años de terapia intensiva nunca vi morir a alguien con tanta paz, aún muerto parecía que estaba sonriendo”

En conclusión y volviendo a las fuentes, uno de los aforismos de Hipócrates lo revela con claridad meridian: “muchos enfermos se curan solamente con la satisfacción de un médico que los escucha”, (se adelantó 2.500 años a Freud)

Dentro de una formación biologicista-positivista nos enseñan en la Facultad de Medicina a interrogar y no a escuchar.

Con el interrogatorio estamos al lado del enfermo pero con el “escuchatorio” estamos del lado del enfermo.

Ni más ni menos es la narrativa y lo más importante es que es terapéutica.


Referencias:

* "La dignidad del otro", Francisco Maglio, editorial Libros del Zorzal 2009.

Bibliografía

1.- Lain Entralgo: “La relación médico-enfermo”.Acento, Madrid,1990
2.- Unamuno M de: “El sentido trágico de la vida”.
Espasa-Calpe, Madrid, 1961.
3.-Feinstein A R: “Problems in the “Evidence” of “Evidence Based Medicine”. A J of Med, Diciembre, 1997.
4.- Greenhalgh T: “Narrative Based Medicine”.
BMJ.January, 1999
5.- “Hipócrates, Aforismos y sentencias” Ed. Del Zorzal, BsAs, 2009

Imperdible

http://www.intramed.net/contenidover.asp?contenidoID=62624





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martes, 8 de diciembre de 2009

IHAMN nuevas guias IBFAN ALC 2008

No 44-45, año 2008
Ibfan alc
Nuevas Guías de Capacitación IHAN
La Iniciativa de Hospitales Amigos de los(las) Niños(as) (IHAN) se lanzó en 1991. Desde entonces, más de 15.000 centros de salud de 134 países han recibido el estatus de Amigos de los(las) Niños(as). No obstante, luego del crecimiento exponencial en la cantidad de hospitales designados, en todas partes hubo una disminución del ritmo en su avance después de 1996, siendo notorias las diferencias tanto entre países como dentro de los países. Con base en cifras reportadas por UNICEF, a partir de 1991 menos de siete hospitales por país han sido designados como Amigos de los(las) Niños(as) por país cada año.

Considerando la cifra global de hospitales y de nacimientos que tienen lugar en los hospitales, este índice es bajo. Más aún, no existen cifras sobre la proporción de Hospitales Amigos de los(las) Niños(as) que hayan sido reevaluados para poder constatar que hayan mantenido su condición a través del tiempo. Con el fin de revitalizar la IHAN en términos tanto cuantitativos como cualitativos, la OMS y UNICEF han diseñado un nuevo paquete basado en un curso modificado de 20 horas para el personal de maternidad. Dentro del paquete modificado:

El Paso 4 está reformulado para que se lea “colocar a los(las) bebés en contacto piel-con-piel con su madre inmediatamente después del parto durante al menos una hora y animar a las madres para que reconozcan cuando su bebé está listo(a) para ser amamantado(a), ofreciéndole ayuda si fuese necesario”.

El Paso 10 se actualiza para enfatizar la importancia del apoyo temprano (preferiblemente de 2-4 días después del nacimiento y nuevamente en la segunda semana) en el centro de salud o en la comunidad con los servicios de apoyo de una persona de la comunidad capacitada en lactancia materna, y de ser posible una compañera consejera que forme parte de un grupo de apoyo de madre-a madre.

Se introducen nuevos criterios para la evaluación del cumplimiento del Código Internacional.
Se ofrecen criterios de alternativas opcionales para áreas con alta incidencia de VIH/SIDA.

Se especifican criterios opcionales adicionales para la atención de Amigos(as) de las Madres durante la labor de parto y el parto.

Para cumplir con el Paso 2 de la IHAN, el objetivo es capacitar al menos un 80% de los(las) miembros del personal clínico que estén en contacto con madres y/o lactantes y que han sido empleados durante 6 meses o más. ¡Este es un verdadero desafío!

Una actividad continua que se planificaría dos veces al año, dada la rotación del personal y los conocimientos y destrezas inadecuadas y obsoletas sobre lactancia materna que la mayoría de los profesionales adquieren durante su formación.

Para cuando se gradúan de las escuelas de salud, a la mayoría de los médicos(as), enfermeras y parteras se les ha saturado con enfoques de diagnóstico y tratamiento de alta tecnología y están preparados(as) para abordar la enfermedad desde un enfoque puramente médico.

Pocos(as) aprenden a tratar el embarazo y el parto como un evento fisiológico y a comunicarse con la gente y brindarle consejería. Más aún, no es poco común, aún durante la etapa de formación, que se encuentren expuestos(as) a materiales y actividades promocionales ofrecidos por los fabricantes de sucedáneos de leche materna, con la consecuente parcialidad en cuanto al conocimiento y actitud hacia la alimentación de lactantes y niños(as) pequeños(as).

Resulta sumamente difícil cambiar la actitud y la práctica de estos(as) profesionales en salud y de capacitarles en los principios básicos de la IHAN:
  • proteger la lactancia materna como un proceso normal y natural durante el embarazo y después del parto,
  • promover el contacto temprano piel-con-piel,
  • evitar la separación innecesaria de la madre y su recién nacido(a),
  • evitar el uso innecesario de biberones, tetinas y sucedáneos de leche materna, etc.

¿Será posible revitalizar la IHAN y retornar al entusiasmo de los primeros años?
¿Aumentará el índice de certificaciones hospitalarias Amigos de los(las) Niños(as) con el paquete modificado IHAN, enfocado en la formación y capacitación de los(las profesionales?

Es nuestra opinión que la aplicación del paquete modificado y los materiales de capacitación por sí solos no producirán los cambios requeridos para acelerar el avance de la IHAN, que se encuentra actualmente paralizado en muchos países.

Además, sugeriríamos lo siguiente:
• Dar prioridad a los grandes hospitales clínicos o universitarios. Estos juegan un importante rol en la capacitación de médicos, enfermeras y parteras.
Solamente mediante el aprendizaje de las buenas prácticas en un Hospital clínico Amigo de los(las) Niños(as) serán capaces estos(as) profesionales en salud de replicarlas cuando estén ubicados(as) en otros hospitales.
• Incluir las bases científicas de los 10 Pasos y los riesgos de no ejercer la lactancia materna en el currículo de las escuelas en salud. Incluir también el Código Internacional y el conocimiento de algunas de las prácticas comunes de mercadeo por parte de los fabricantes de sucedáneos de leche materna.
• Promover el uso de métodos de capacitación activos en los cursos IHAN y escuelas en salud. Estos métodos deben estar basados en teoría del aprendizaje para adultos que utiliza los conocimientos y la experiencia de los capacitados como la base para la exitosa adquisición y práctica de los nuevos conocimientos y habilidades.
Las guías completas están disponibles en español en
http://new.paho.org/hq/index.php?option=com_content&task=view&id=927&Itemid=929


Me pareció interesante este estudio pero todo esta muy claramente explicado

ver

http://www.ibfan-alc.org/boletines/lecturas-lactancia/LL_44-45.pdf


D’Souza L, Dyson L. A systematic review of education and evidence-based practice interventions with health professionals and breastfeeding counsellors on duration of breastfeeding. Midwifery 2007 Epub ahead of print
Para examinar los efectos de las intervenciones (capacitación, educación, cambio de prácticas) con los(las) profesionales en salud y educadores(as) y consejeros(as) no expertos(as) sobre la duración de la lactancia materna, esta revisión seleccionó de bases de datos adecuadas nueve estudios realizados
en países de altos ingresos y publicados entre 1980 y 2003. Todos fueron estudios de antes y después que incluyeron la educación de los(las) profesionales en salud; no hubo estudios relacionados con consejeros( as) en lactancia materna. En seis de los estudios, los(las) participantes trabajaron con las madres y sus bebés en los hospitales (tres en el Reino Unido, dos en Italia y uno(a) en Francia); en tres de los estudios, las participantes trabajaban en entornos
comunitarios (Canadá, España y los Estados Unidos de Norteamérica). Dos estudios británicos y dos no británicos (España y los Estados Unidos) contaron con la participación de madres que vivían en áreas marginales. La mayoría de las intervenciones se proponían aumentar los conocimientos y cambiar la práctica profesional en apoyo de la lactancia materna. Muchos de los estudios revisados tenían restricciones metodológicas. Los entornos y contextos eran tan variables que no permitían hacer comparaciones.
La evidencia de estos estudios fue insuficiente para sacar conclusiones sobre los beneficios o los daños generales asociados con las intervenciones. De los estudios identificados, pareciera no haber una única forma que de manera consistente logre cambios en la duración de la lactancia materna. De uno de los estudios metodológicos más sólidos se desprende que pareciera ser que la capacitación en IHAN de UNICEF/OMS podría tener el potencial de ejercer influencia en la duración de la lactancia materna.

Preparado por Geneva Infant Feeding Association (GIFA)- IBFAN. Editores(as): Adriano Cattaneo, Marina Ferreira Rea. Elaine Petitat-Côté realizó la edición.

Traducido y adaptado al español por CEFEMINA-IBFAN LAC

cefemina@racsa.co.cr
www.ibfan-alc.org

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